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El ácaro del hacinamiento sobrevive en los centros de adolescentes
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Correccional conocido como Etapa II, situado en el municipio de San José Pinula. EFE

El ácaro del hacinamiento sobrevive en los centros de adolescentes

La jueza Verónica Galicia encontró serias carencias durante los monitoreos que realiza. Añade que al problema de no contar con apoyo del ministerio de Salud dentro de los centros, se suma la negativa a querer recibir a los adolescentes en los hospitales de la red pública
El nivel de hacinamiento ha llegado a tal grado que aulas que se tenían contempladas para cuestiones educativas han llegado a ser utilizadas como dormitorios para los chicos
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Los centros de privación de libertad de adolescentes, administrados por de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia (SBS) registraron en los últimos años varios casos de sarcoptosis, una infección de la piel causada por un ácaro. Aunque la situación fue controlada, el 160% de hacinamiento en el que se encuentran los centros es caldo de cultivo para que la infección vuelva a surgir. Para mejorar la sanidad en general, la SBS pide apoyo al Ministerio de Salud, que por ahora se desentiende.

Empieza con un ligero picor. Un malestar entre los dedos de la mano. Un escozor en los pliegues de la muñeca, en el antebrazo. La picazón sigue por los hombros, los pezones, el ombligo, las rodillas, la vulva, el pene, los testículos. Por la noche, la sensación es peor. Si el clima es caluroso, húmedo, puede ser insoportable.

Los signos no tardan en aparecer. Primero rojeces, ronchas. Si empeora, pequeñas vesículas o pápulas, erupciones en la piel que al rascarlas se vuelven heridas.

El diagnóstico es claro. Tiene varios nombres: sarcoptosis, escabiosis, sarna humana (aunque especialistas aseguran que este último término no es del todo correcto). La causa también es indiscutible. Un pequeño ácaro, de entre uno y tres milímetros, que con rapidez excava túneles en la piel de los humanos, en los que va dejando sus huevos y sus heces. Puede vivir hasta dos meses, y las larvas que libera se vuelven adultas en apenas 15 días. Copulan y el ciclo se repite.

La infección es rápida y extremadamente contagiosa. A través del contacto con otra persona, con su ropa, sus sábanas, su colchón. En ambientes cerrados, pequeños, oscuros y húmedos en los que convive mucha gente, se dispara.

Los centros de detención de adolescentes en conflicto con la ley penal han sido caldo de cultivo para la reproducción de este ácaro. Durante los dos primeros años del gobierno de Jimmy Morales, los casos alarmaron a la oficina del Procurador de los Derechos Humanos (PDH).

Los responsables de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia levantaban oficios con recomendaciones para la sarcoptosis cada mes. Óscar Rodríguez, actual defensor, puso especial interés al tema cuando asumió su cargo, a mediados del año pasado.

El motivo de la presencia del ácaro, para Rodríguez, es la sobrepoblación de los centros. “Este ácaro se reproduce sobre todo en los ambientes de humedad, de suciedad, de hacinamiento, de falta de salubridad, de higiene, y son condiciones que pudimos evidenciar que existían esencialmente en los centros de privación de libertad de adolescentes en conflicto”.

“A esto le sumamos que en la mayoría no había acceso al agua potable para higiene ni para tomar. Esto generaba la proliferación de estos ácaros”, añade el defensor. El problema se dio en los cuatro centros que tiene a su cargo la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia (SBS): el Centro Juvenil de Detención Provisional, Cejudep (conocido como Gaviotas); el Centro Juvenil de Privación de Libertad para Varones, Cejupliv (o Etapa); el Centro de Privación de Libertad para Varones, Cejupliv II, (o Anexo); y el Centro Juvenil de Privación de Libertad para Mujeres, Cejuplim, (o Gorriones).

La situación se desbordó porque la infección no se trataba o porque no se tomaban las medidas adecuadas para eliminar completamente la presencia del ácaro.

Verónica Galicia es una de las juezas que ha dado seguimiento a los casos. Trabaja en el juzgado de adolescentes en conflicto con la ley penal, en la zona 9 de la capital. “Yo tengo casi siete años (en su cargo) y desde la primera visita que fuimos a hacer a Gaviotas, detectamos un foco de estos”.

Efe

Galicia asegura que, por lo general, son los adolescentes de nuevo ingreso los que tienen problemas en la piel —por falta de aseo o por las malas condiciones de higiene en las que viven— y el hacinamiento de los centros contribuye a que la infección se propague. La jueza indica que el Cejudep, Gaviotas, es el centro en el que más casos ha identificado.

“Como Gaviotas es un centro de detención provisional, es el primero al que llegan. En Gorriones hay un dormitorio de primer ingreso y ahí también se ha detectado”, expone.

En la PDH, Rodríguez comparte esta idea. “Aquí hay dos temas. Primero, la higiene personal de los mismos chicos que llegan a este sistema de reinserción social. Ya traer esos malos hábitos de higiene, sumado a que las condiciones en los centros de privación no han sido las más adecuadas, genera la proliferación de los ácaros”. 

Galicia añade que cuando detectan un brote, envían la información al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) para que realice una evaluación de los adolescentes e indique qué medidas tomar.

El apoyo del Ministerio de Salud

El problema de la sarcoptosis abre la puerta a otra situación más grave. La salud en los centros de reinserción de adolescentes. Cuando vio que los centros tenían una deficiencia importante en cuanto a la sanidad, que no había agua en varios de ellos y que en las enfermerías apenas contaban —si contaban— con algunas cajas de acetaminofén, el subsecretario Molina tomó como primera medida comenzar a enviar oficios al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS). Pedían apoyo para aliviar una situación que durante años se había ido de las manos.

A la fecha llevan cinco cartas enviadas a nombre del ministro de Salud, Carlos Soto Menegazzo. La primera, del 18 de septiembre de 2017, se redactó apenas dos semanas después de asumir Molina como subsecretario. Pedían una fumigación en los centros. Después vino otra para solicitar una vacunación contra el sarampión, el 22 de enero de 2018; otra para hacer una revisión de los casos de sarcoptosis, el 6 de febrero; otra de enfermedades de la piel, el 3 de abril; y ese mismo día, una más para solicitar la vacunación de la triple viral. A la fecha, según Molina, ninguna tuvo respuesta.

“Nosotros no somos un ministerio de Salud. Al ministerio de Salud le corresponde dar esa parte de apoyo”, recuerda.

Las versiones sobre esta situación son confusas. De parte del ministerio parece que las puertas están abiertas. El ministro Soto explica por vía telefónica que la cartera no puede contratar médicos que trabajen exclusivamente para la SBS, pero asegura que han apoyado a la secretaría de varias formas: “Platicamos que íbamos a tratar de conseguir unos equipos de rayos X usados para Gaviotas, para que ellos no salieran. Además, con privados de libertad, miramos brotes de paludismo, revisamos a los de VIH, tuberculosis… Si nos piden que vayamos a ver un brote de chinches vamos”.

Se le cuestiona si han llegado a los centros en los últimos meses. “Sí, claro, hemos ido a los centros. Hace poco fuimos a ver un brote de varicela, porque parecía sarampión y eso ahora lo tenemos muy controlado”, responde.

En la PDH, sin embargo, mencionan la falta de atención del Ministerio de Salud. “Hemos señalado la necesidad de que el MSPAS trabaje con la SBS para estos ejercicios de jornadas médicas integrales en materia de salud —comenta Óscar Rodríguez—. Tenemos que entender que este tipo de enfermedades, como los ácaros, son cuestiones especializadas que necesitan un abordaje en materia de salud integral”.

Ante el silencio que denuncia por parte del ministerio, el subsecretario Molina se dio a la tarea de buscar otras ayudas. El funcionario revisa tres pequeñas pilas de folios extendidas a lo largo de su escritorio. Junto con su asesora, hace cuentas de los correos, cartas y llamadas que realizaron a diferentes organizaciones para pedir apoyo.

—Esta la mandamos a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que nos dijeron que no podían ayudarnos porque no hacían eso. Esta… ¿de dónde es? —le pregunta a su asesora.

—Fundación Pediátrica.

—Ellos sí nos van a apoyar.

—Parece que sí.

—Qué bueno, usted, porque fíjese que yo sí estoy tocando todas las puertas posibles. Como no hemos tenido este apoyo, tuvimos que ver qué hacer, y lo hemos hecho. Hay unos médicos cubanos que tienen una clínica oftalmológica. Tiene un pequeño costo social y estoy gestionando para ver con ellos cuánto me van a cobrar.

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Molina dice que en el caso de Cejuplim (Gorriones) el director del centro de salud de San Juan Sacatepéquez accedió a darles apoyo. “He pedido que cada director de centro vaya a preguntar a los centros de salud. Va a depender de la voluntad de cada uno”, añade.

Según el funcionario, Ana Patricia Contreras, actual titular de la SBS, pidió a las subsecretarías un listado de los apoyos que necesitaba de cada ministerio. “Ella habló con el presidente (Morales) y él ya está viendo eso”, asegura.

La jueza Verónica Galicia también encontró esta carencia durante los monitoreos que realiza periódicamente. Añade que al problema de no contar con apoyo del ministerio de Salud dentro de los centros, se suma la negativa a querer recibir a los adolescentes en los hospitales de la red pública. La jueza también tomó medidas. “Por ejemplo, en Gorriones encontramos mucho Virus del Papiloma Humano (VPH) y yo ordené que si los (centros) públicos no los recibían, la SBS tenía que llevarlos a centros privados. En Eventos Católicos lograron que los recibieran, porque a pesar de que se iba a pagar por el servicio, muchos se negaban a atenderlos”.

—Pero se está pagando extra por un servicio que debería ser público.

—Por supuesto debería ser un servicio público. Pero ahí sí que el ministerio de Salud no da ningún apoyo. Yo me apoyo en Inacif para que en el informe me indiquen qué clase de tratamiento se debe seguir. Y ya con eso, ordeno que se siga. Hago audiencias por las tardes donde me tienen que rendir informes del médico del centro. Pero tengo que hacer esas audiencias extra. Porque si lo dejo solo en orden, a veces no se cumple.

Tanto la jueza como el subsecretario y el defensor de la PDH citan la Ley de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia, conocida como la ley PINA. En su artículo 28, se especifica que queda asegurada la atención médica a las niñas, niños y adolescentes a través del sistema de salud pública, “garantizando el acceso universal e igualitario a las acciones y servicios para promoción, protección y recuperación de la salud”.

Y en el artículo 30, que el Estado, a través de las autoridades de salud respectivas, “ejecutará y facilitará el desarrollo de programas de asistencia médica y odontológica para la prevención de las enfermedades que comúnmente afectan a la población infantil”.

“Debería aplicarse a los centros de privación, pero no existe —asegura Verónica Galicia—. Hay un dentista, pero como el presupuesto es bien específico, no hacen determinados trabajos. No tienen ni instrumentos ni insumos”

La jueza achaca esto a los prejuicios que existen alrededor de estos jóvenes. “Mire qué pasó con el caso del Hogar Seguro —donde las niñas y adolescentes que fallecieron no estaban en conflicto con la ley penal—. Pues con estos hay todavía más estigma. El adolescente que cumple su sanción privativa de libertad y no tiene recurso familiar, tengo que ordenar su ingreso a un hogar del Estado, y me cuesta que me lo reciban. No quieren. El mismo Estado se niega a recibirlos, pero con la orden judicial no pueden negarse”.

La bomba de tiempo

La situación ha mejorado. Los centros no están infestados de sarcoptosis como lo estaban hace un año. Con base a los monitoreos realizados por PDH a finales 2017, la Subsecretaría de reinserción y resocialización de adolescentes en conflicto con la ley penal de la SBS realizó acciones puntuales para controlar la emergencia. “Ha estado suministrándoles (a los jóvenes) Benzan, un medicamento fuerte, y hemos constatado que lo están recibiendo”, asegura Rodríguez. “Actualmente existe sarcoptosis, pero ya en un nivel menor. Se ha ido erradicando, no al 100% como nos gustaría, pero ya en gran medida”.

Hay un pero. Las condiciones de hacinamiento de los centros son el entorno ideal para futuras infecciones, o para avivar de nuevo las que ya se estaban mitigando. Según datos de la Subsecretaría de reinserción, a mayo de este año había 837 adolescentes conviviendo en los cuatro centros. Los edificios tienen una capacidad de 540 camas. Hablamos de una sobrepoblación del 161%.

“El nivel de hacinamiento ha llegado a tal grado que aulas que se tenían contempladas para cuestiones educativas han llegado a ser utilizadas como dormitorios para los chicos —comenta Rodríguez—. Y no tienen las condiciones mínimas, como baños. Ellos pasan encerrados todo el día”.

Según el defensor, a la mayoría de los adolescentes se les diagnosticó sarcoptosis en algún punto de su estancia en los centros. En Etapa, explica, siembre hubo menos hacinamiento, con lo que la infección ha tenido menos presencia. “Sobre todo se ha dado en Gaviotas y en Anexo. (Actualmente) en Gaviotas existe, no a la magnitud de antes, pero existe”.

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En su despacho, Carlos Francisco Molina Morales, subsecretario de reinserción y resocialización, hace un repaso de la situación. Molina lleva nueve meses en el cargo, y repite en varias ocasiones cómo su llegada ayudó a aliviar la crisis. Cuando tomó posesión, a inicios del septiembre pasado, hizo una primera revisión de los centros e identificó varios problemas. La salud era uno de ellos.

Asegura que inmediatamente comenzó a tomar acciones para dar prioridad a este tema. Contrataron a un médico y a un enfermero por cada centro —actualmente había un único doctor para los cuatro—, identificaron la sarcoptosis, dieron el medicamento a los menores y las cifras comenzaron a mejorar. Aun así, Molina admite que el problema sigue presente.

“Te puedo decir que casi, casi, se eliminó al 0%. Casi. Pero como siempre tenés hacinamiento, de pronto ya la eliminaste en un dormitorio, y nos ingresan más adolescentes. Puede ser que desde la calle vengan con algún tipo de enfermedad, y ahí se prolifera”, reconoce.

Se solicitó a la SBS la cantidad de adolescentes diagnosticados con sarcoptosis en los últimos años. Según Flor de María Dolores Hernández,  titular de la Dirección de Centros Especializados de Privación de Libertad de Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal, en los últimos diez años, la secretaría identificó 2,988 casos de sarcoptosis en los centros juveniles.

Sin embargo, en el documento enviado por la Unidad de Información Pública se precisa que entre 2008 y 2015 “no se cuenta con la totalidad la información”. Hernández expone que como consecuencia de las protestas y revueltas en los centros, el equipo de cómputo fue destruido en varios de ellos, y varios archivos y papelería se perdieron.

En lo que va de 2018, se registraron 403 adolescentes diagnosticados, casi la mitad de la población. En el gráfico a continuación se muestran los casos de sarcoptosis registrados anualmente en la SBS.

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El hacinamiento también impide que se tomen las medidas adecuadas para evitar la proliferación. Leonel Pérez es médico infectólogo. Trabaja en la Clínica de Enfermedades Infecciosas del Hospital Roosevelt. Casi a diario trata este tipo de infecciones en su consulta. Pérez explica cuál es el tratamiento que debe aplicarse a las personas.

“Se le dice que se coloque la loción desde el cuello hasta los pies. Tiene que dormir con ella puesta, y al día siguiente se baña. Eso se hace por tres noches”, comienza el doctor. “Aparte, se le pide que todos los fomites (las sábanas, la ropa...) los lave con agua tibia, porque la acción térmica del agua mata al ácaro y al sumergirlo mínimo unos 30 minutos, lo ahoga. Eso se tiene que hacer, porque usted le da el tratamiento, pero si está colonizada el área donde duerme la persona, va a volver a reinfiltrarse”.

Y esto no siempre se da. En sus monitoreos la PDH ha identificado que “al momento de que los chicos lavan la ropa, lo hacen desde sus mismos dormitorios y la cuelgan dentro de las celdas”. “La misma humedad y la misma ropa de los colchones no permite que este problema sea resuelto de raíz”, cuenta Rodríguez.

Y continúa: “La falta de iluminación natural acarrea este problema, porque es la misma humedad la que facilita la reproducción del ácaro. En Gaviotas el 90% de los dormitorios no cuentan con ventilación ni con luz solar. Esto es un problema. Es muy cuestionable si se tomaron en cuenta o no los estándares internacionales para la atención de estos chicos en el momento de la creación del centro”.

Pérez, el médico del Hospital Roosevelt, hace hincapié en que la humedad, más presente durante el invierno, permite que se perpetúe la infección. “En áreas secas, áridas, cuesta más que el ácaro complete su ciclo”.

Según Rodríguez, estas condiciones hacen que se den problemas bronco respiratorios y de hongos, ya que algunos adolescentes deben dormir en el suelo. “La atención que ellos puedan tener en materia de reinserción o de educación sanitaria es inexistente —denuncia el defensor—. Es de ir un paso a la vez, pero es un problema bien complejo y estructural, que tiene muchas aristas que hay que ir trabajando”.

Carlos Morales, el subsecretario de la SBS asegura que se hizo una jornada de fumigación, que los jóvenes sacan sus colchonetas una vez a la semana y que tienen un estricto control de limpieza en los dormitorios: “Dejan nítidos sus cuartos, a ellos les gusta ser limpios, también”.

Sin embargo, a ojos de un infectólogo, esto no es del todo suficiente. Pérez apunta que lo ideal sería aislar a la población que está afectada de la que no lo está —algo muy complicado con un 161%  de hacinamiento—. Y todo lo que no se pueda lavar, puede exponerse al sol o guardarse en una bolsa plástica un mínimo dos semanas para que el parásito muera. “El ácaro, fuera del humano, puede vivir una cierta cantidad de tiempo, mínimo unas dos semanas, así que todo lo de uso personal tiene que estar aislado”.

“La fumigación no va a servir —remarca el infectólogo—. No es efectiva”. Esto es confirmado por Rodríguez, en la PDH.

Según Pérez, en casos muy severos, si no se trata correctamente, la persona puede tener una sobreinfección bacteriana que cause una sepsis. “Es una bomba de tiempo. Si bien pueden controlar el momento, perfectamente puede haber un núcleo poblacional de ácaros que vuelvan otra vez a reinfectar en algún otro punto que no hayan identificado. El riesgo siempre está”, concluye.

La solución integral y a largo plazo, comparten las personas consultadas, es el deshacinamiento. El presidente Jimmy Morales puso hace unas semanas la primera piedra del Centro Especializado de Reinserción (CER) y Casa Intermedia para Jóvenes en Conflicto con la Ley Penal, un nuevo espacio que ocupará el lugar del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en el que el 8 de marzo de 2017 fallecieron quemadas 41 adolescentes.

El nuevo centro tendrá ocho módulos con capacidad para 400 jóvenes. En la SBS lo ven como la panacea que aliviará la sobrepoblación. La separación de adolescentes por perfiles, por edades y entre sancionados y jóvenes que todavía tienen su proceso abierto, es otra de las tareas pendientes de la SBS, que también planean solucionar con este nuevo espacio.

“Es un proceso lento y ha sido único —narra el subsecretario—. Esperamos terminarlo en diciembre de este año, donde podremos hacer separación de edades, de sancionados y nos van a quedar alrededor de 100 camas libres. Cero hacinamiento. Esto nos va a beneficiar con cualquier enfermedad”.

Cuando se construyó el Hogar Seguro —entonces Solidario— Virgen de la Asunción, uno de los aspectos que más se cuestionó fue su capacidad. Era un macrocentro, que impedía la atención especializada de las y los adolescentes que llevaban un proceso de protección. Cuando se cerró, el año pasado, la Secretaría prometió que nunca utilizaría un espacio tan grande para albergar a jóvenes protegidos. Molina asegura que en el caso de la reinserción, la capacidad del lugar no impedirá brindar un buen servicio.

“Sí es un macrocentro, pero es diferente. En el mundo, las prisiones de alta seguridad tienen capacidad para mil internos. Aquí vamos a tener 400. Ya no es macro, tomando en cuenta otras prisiones exitosas del mundo”, se justifica.

Molina habla maravillas del lugar: “Cada ala tiene una capacidad de 24 privados de libertad no hacinados. Van a estar bailando ahí adentro. Adicionalmente va a haber canchas de fútbol, sus aulas, un área de atención médica, psicológica, pedagógica, de educación social, área de visita, área de comedor… este centro es modelo para Latinoamérica”.

El tiempo dirá si se logran cumplir los objetivos de la Secretaría.

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