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Drogas: algunas preguntas
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Drogas: algunas preguntas

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Tipo de Nota: 
Opinión
16 04 18

Read time: 4 mins

 

¿Quién se beneficia con las drogas ilegales?

La población no. Al ciudadano común, 1) el tema le es indiferente o 2) lo perjudica directa o indirectamente. Hasta un 10 % de la población mundial consumió en algún momento sustancias prohibidas, pero solo un 1 % deviene drogodependiente. De ellos, solo un 10 % logra recuperarse. Indirectamente, sus familiares sufren el problema, pues esta psicopatología envenena la normal convivencia. Las muertes y las discapacidades que traen aparejadas y la criminalidad conexa —los consumidores delinquen para comprar su tóxico— hacen de esto un verdadero infierno. Para las grandes mayorías no hay beneficios.

 

¿Se benefician solo las mafias narcotraficantes?

En sentido estrictamente económico, sí en principio. Pero esa masa enorme de dinero que mueve el negocio también llega a otras esferas: es lavado e ingresa a circuitos socialmente aceptados. Existe una economía limpia producto de las operaciones de blanqueo de los narcocapitales. Son circuitos financieros honorables los que realizan esas operaciones, a veces financiando políticos profesionales. Así, la incidencia de la narcoactividad en los poderes formales de Estado no deja de hacerse sentir en todos lados.

Este consumo implica problemas de salud pública. Sin embargo, con todas las tecnologías disponibles, no desciende a pesar de los esfuerzos que se hacen en su contra.

 

¿Se plantean mal esas estrategias o hay intereses en mantener el consumo?

Aunque se reconoce que la toxicomanía es un poderoso factor de inestabilidad, nada cambia. Uso y abuso de narcóticos son algo expandido como problema por todos los estratos sociales y golpean igualmente a niños de la calle y a multimillonarios, varones y mujeres. Si se sabe mucho sobre el tema, ¿por qué no hay una tendencia a la baja? ¿Prevención o represión? ¿Trabajar priorizando la oferta o la demanda? ¿Será que hay grandes poderes que no desean que esto termine?

 

Estados Unidos, principal consumidor mundial, recibe diariamente una tonelada de drogas. ¿Cómo es posible?

Siendo un problema de salud pública, ¿por qué no se lo aborda como tal? La estrategia fundamental es su militarización. Ejércitos completos intervienen en su contra. ¿Por qué no se movilizan ejércitos de profesionales de la salud? ¿La pasada Guerra Fría se trocó ahora en guerra a estos nuevos demonios del narcotráfico? El interés hegemónico, liderado por Washington, encontró en este nuevo ámbito un campo fértil para readecuar su estrategia de control universal. ¿Cómo un problema sanitario es un tema de seguridad nacional? Persiguiendo el narcotráfico se invaden países, se montan bases militares y aumentan presupuestos de defensa.

 

¿Por qué no despenalizar el consumo?

Lo prohibido atrae. Si los tóxicos ilegales actúan como fruta prohibida, ¿por qué no despenalizarlos? Eso acabaría con innumerables penurias. Pero, contrariando lo más racional, no hay despenalización. Contrariamente, crece el perfil de lo punitivo: el combate del narcotráfico es prioridad de las agendas políticas de los Estados. A los factores de poder no parece interesarles realmente la desaparición del flagelo.

 

Las drogas aparecen masivamente de pronto en un lugar. ¿Quién lo decide?

En los países socialistas había casi nulo consumo. Véase lo sucedido en Nicaragua. Durante la Revolución Sandinista, pese a las incontables penurias que debieron soportarse, prácticamente no había drogas ilícitas. Cayó el gobierno sandinista e inmediatamente aparecieron. ¿Casualidad? ¿Por qué aparece la droga en los colectivos más pobres, más marginados? ¿Por qué los sectores más problemáticos de las sociedades —problemáticos desde la óptica de los poderes, como los sectores juveniles— están ligados al consumo? Las drogas ilícitas son manejadas con criterios mercadológicos y aparecen según agendas trazadas no por las poblaciones. ¿Quién lo decide?

 


Cambiar esto es difícil. Siempre, por la existencial angustia, se consumieron evasivos, bálsamos. Siendo realistas, podemos plantearnos entonces luchar por su despenalización. Quizá siempre los humanos apelaremos a paliativos. Otra cosa es el consumo masivo como nueva mercadería impuesta con el capitalismo, al igual que tantos productos prescindibles establecidos gracias al mercadeo. Quemar sembradíos del tercer mundo no soluciona mucho. Solo sirve para militarizar el mundo.

 

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