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Cartas de un marero

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Tipo de Nota: 
Opinión
19 05 18

Read time: 4 mins

Papi, hoy cumplo cuatro años y estoy muy contento.

¡Me quemaste cuetes en la mañana! Te cuento que de grande quiero ser periodista. Voy a ayudar a muchos escribiendo noticias buenas de mi Guate. Te quiero, aunque no entiendo por qué a veces vienes de tu trabajo como piloto de bus enojado, gritando y con olor a licor. La última vez pensé que le habías pegado a mamá, pero no lo creo. Tú eres bueno. Mis hermanas y yo queremos que nos abraces y que alguna vez juguemos juntos.

Papi, hoy cumplo ocho años. Me da miedo ver en las calles a tanta gente armada. Cuando iba a la escuela, se subieron al bus dos señores de tu edad y sacaron pistolas muy grandes. Nos asaltaron y me robaron la mochila que me regalaste. Yo quisiera tener una pistola para defenderme. Si hubiera tenido una pistola, ¡los habría matado de un balazo!

Papi, hoy cumplo 11 años. Ya no te veo más en la casa, y a mi mami le cuesta mucho ver a mis dos hermanas. Ella está triste. Ayer la vi llorando y le dijo a mi tía que no le alcanzaba el dinero para comer y que no sabía por qué habíamos nacido. Me sentí muy triste. ¿Es mi culpa que tú no vengas? ¿Cómo puedo hacer feliz a mi mami? Ella sigue queriéndote, pero no sabe qué hacer o adónde ir cuando tú le pegas o cuando nos pegas a mí y a mis hermanas. Yo sufro también en silencio. Dice que prefiere que no estés, pero que no te puede dejar. Yo voy a conseguirme una mujer como mi mami: que nunca me deje aunque le pegue.

Papá, tengo ya 17 años. Hoy me voy de la casa. Es imposible vivir en esta pocilga. Por más que quiero superarme, nadie me da trabajo, pues no terminé mis estudios por ayudar a mamá a vender tarjetas telefónicas. La gente nos trata mal en el semáforo. Nadie se ve feliz. Mamá solo se queja por todo y yo prefiero ir afuera. Voy a ser miembro de la clica. Ellos me comprenden. Ustedes no. Allí encuentro comida, casa y protección. Allí voy a salir de la pobreza y enseñarle a toda la gente a que me respete. En la clica voy a ser respetado porque puedo matar a quien me digan. ¡En Guatemala matas o te matan!

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Viejos, en la prensa salen diciendo que un niño que se volvió marero es un antisocial. Yo no me considero antisocial. Solo estoy donde me tocó, donde la sociedad me dio lugar, donde me aceptaron. Aquí he resuelto mis problemas económicos, soy respetado, tengo mujeres, tengo lujos, me drogo cuando quiero y puedo vivir como quiero. La libertad y la ley están en la bolsa y en la pistola. ¡Nada más importa!

Mamá, ayer vi a mi papá muerto cerca de la casa, pues el bus que manejaba fue baleado. Al principio quise llorar, pero no pude. Ya no siento nada. Aprendí que en la vida uno se debe salvar porque en este país nadie lo salva a uno. Veo a otros comiendo en restaurantes de lujo, que me ven con desprecio, con asco. No saben que en este país mandamos nosotros. Los tenemos atados a la droga que vendemos en la calle y ellos viven con miedo. Aunque dicen estar armados, en la clica somos más, tenemos mejores armas y, sobre todo, no tenemos miedo. En este país podemos hacer lo que queramos siempre que tengamos una pistola.

Dios, hoy hubo una balacera cuando fui a cobrar la extorsión. Me hirieron de bala y estoy tirado desangrándome. Si existís, cuidá a mis hermanos pequeños porque ya entraron a la 18. No sé cuándo me metí yo a esto. Cuando tenía cuatro años quería estudiar y ser periodista. Virgen santa, te pido que me perdonés. Yo no quería terminar así. No quería matar, pero tuve que hacerlo. No quería ser parte de la clica, pero no tenía otra opción. Tú me entendés, ¿verdad? Hoy cumplo 19 años. Podría estar empezando mi vida y estoy terminándola. ¿Cuándo me pasó esto? ¿Por qué todos se alegran de mi muerte y vienen a mí con piedras y palos? ¡Me quieren quemar vivo! ¿No soy un chapín como ellos, pues? ¿Por qué no nací en otro lugar? Yo quería ser feliz cuando era niño. Hoy no tengo nada. Ni la pistola ni el dinero ni las drogas ni a mis hommies de la clica. Hoy me estoy muriendo. Y tengo miedo.

No saben que en este país mandamos nosotros. Los tenemos atados a la droga que vendemos en la calle y ellos viven con miedo.
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