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Caos en el aeropuerto La Aurora
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Caos en el aeropuerto La Aurora

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Opinión
27 03 18

El domingo, el caos imperó en el Aeropuerto Internacional La Aurora: solo un ejemplo del desorden y de la corrupción que caracterizan a este gobierno.

La calidad de los servicios aeroportuarios no son, por mucho, la más importante y urgente de las prioridades de Guatemala si se consideran las apremiantes condiciones de servicios estatales como la salud y la educación públicas. No obstante, el funcionamiento del aeropuerto ofrece una idea de cómo se están manejando las cosas en la desastrosa administración de Jimmy Morales. Es una suerte de punta de iceberg del caos que impera.

Por razones de trabajo, el domingo pasado tuve que tomar un vuelo cuya salida estaba programada a las 7:00 a. m. Siendo el Domingo de Ramos, el aeropuerto estaba repleto de gente viajando con motivo del descanso de la Semana Santa. Sin duda, un típico día crítico de temporada alta, con gran afluencia de pasajeros y con vuelos llenos.

Al llegar al vestíbulo de mostradores me sorprendieron la aglomeración de gente y las colas inmensas, demasiado largas incluso para un día de temporada alta. Además, carretas repletas de maletas y verdaderos cerros de equipaje amontonado en los pasillos detrás de los mostradores. Caos y desorden descomunal que naturalmente empezaron a reflejarse en la molestia y en la desesperación de los cientos, quizá miles de personas que continuaban aglomerándose.

Ante la lentitud, empezaron los reclamos al personal de las aerolíneas, que iba de un lado a otro con la angustia en sus rostros, hasta que empezó a fluir la información sobre la razón del problema: el sistema de fibra óptica del aeropuerto había fallado y dejado sin sistema informático todos los mostradores del ala sur del piso de salidas. También habían fallado las fajas que transportan los equipajes del piso de mostradores a los controles de seguridad y, de allí, a los aviones.

Debido a esas dos fallas, los agentes de las aerolíneas se vieron obligados a llenar a mano sendos formularios para el registro de pasajeros y de equipajes. El personal del aeropuerto se vio obligado a mover miles de maletas en los ascensores para personas y, luego, a cargarlas hasta las carretas que las llevan hasta los aviones. Por supuesto, se registraron atrasos. Y tuve la vergonzosa oportunidad de escuchar al piloto de mi vuelo, que con mucha pena sentenció que, en su opinión, el de Guatemala era sin duda el aeropuerto peor administrado de todos los que conoce. Mi vuelo logró salir con dos horas de retraso. Y fue de los afortunados.

Semejante escenario contrasta con la pantomima de noviembre de 2017, cuando Jimmy Morales y su director general de Aeronáutica Civil, Carlos Velásquez Monge, protagonizaron un ridículo escandaloso al usar el aeropuerto de juguete político. Fueron el hazmerreír porque montaron un show para celebrar la supuesta certificación del aeropuerto por parte de la Organización de Aviación Civil Internacional. Con todo y acto protocolario, invitaron al cuerpo diplomático y hubo discursos grandilocuentes, prensa, cámaras… Solo días después se demostró que todo había sido una farsa.

Si ahora fueron la fibra óptica del sistema informático y las bandas transportadoras de equipajes, da angustia, pánico y horror pensar en la confiabilidad de los sistemas de seguridad de la terminal aérea. Jimmy Morales y Velásquez Monge están jugando con vidas. Y, por favor, no necesitamos una tragedia para desenmascarar tanta farsa y corrupción.

Pero más angustia, pánico y horror causa pensar en lo siguiente: si así está el aeropuerto internacional, que es el espacio de atención para la gente que tiene el dinero para viajar de vacaciones, ¿cómo estarán los hospitales, las escuelas, las estaciones de policía y todo aquello de lo cual dependen quienes no tienen dinero para vacacionar?

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