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Ante la crisis, Jimmy interpretó al personaje más trágico
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Ante la crisis, Jimmy interpretó al personaje más trágico

Morales pudo escoger cualquiera de varios libretos para interpretar distintas facetas positivas de un líder en momentos trágicos.
No solo llegó tarde, sino que su retraso provocó que las labores de rescate se detuvieran por dos horas.
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/ Ilustración: Sandy Revolorio

Tiempo aproximado de lectura: 13 mins

Toda crisis es potencialmente una doble crisis: la primera crisis es el evento original (como un fenómeno natural adverso, un atentado o un accidente). Y de acuerdo con quienes proponen este planteamiento, las reacciones de quienes ejercen el liderazgo también corren el peligro de convertirse en una segunda crisis.

Para presidentes o jefes de Estado, las crisis producto de situaciones trágicas plantean oportunidades para exponer y ratificar su liderazgo, mostrar compasión y ayudar a las poblaciones a sobreponerse —y hasta a darle sentido— al momento difícil. O, al menos, presentan una oportunidad para que su respuesta no se convierta en una segunda crisis.

En la historia reciente, hay varios casos de presidentes y jefes de Estado que, tras tragedias, dieron respuestas de consuelo a los afectados, se convirtieron en ejemplo para la sociedad y sus llamados a la unidad nacional fueron atendidos.

A juzgar por las reacciones que el presidente Jimmy Morales y su gobierno tuvieron ante la crisis provocada por la erupción del volcán de Fuego, ni él se enteró ni sus asesores le explicaron que tenía a su elección un puñado de opciones para dar respuesta a la tragedia, que no solo hubieran contribuido a atenuar la crisis, sino que también le hubieran sumado para mejorar su maltrecha imagen. Algo que ha resultado tarea titánica, ya sea por los propios desaciertos en las decisiones presidenciales o por las limitadas capacidades de sus asesores para comunicar alguna narrativa positiva del gobierno.

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Para ponerlo en términos que quizá le resulten familiares al presidente Morales (tomando en cuenta su experiencia para interpretar distintos personajes en televisión), vamos a hablar de actuaciones. Tras la crisis por el volcán, Morales pudo escoger cualquiera de varios libretos para interpretar distintas facetas positivas de un líder en momentos trágicos.

Estos son algunos de los personajes que Jimmy pudo interpretar:

  • La figura paternal o maternal:

Un buen ejemplo de este rol fue cuando, al inicio de la Segunda Guerra Mundial y con Londres bajo asedio, la reina Isabel demostró gran coraje al decidir quedarse con su familia en lugar de refugiarse en otro país, a pesar de las recomendaciones de sus asesores. Es más, Isabel (que luego, por otras razones, llegó a ser más conocida como la Reina Madre) mostró gran dedicación a la causa de los Aliados y despertó admiración y lealtad en gran parte del pueblo británico al visitar constantemente los sitios destruidos por los bombardeos nazis. Una muestra de liderazgo valiente, comprometido y compasivo.

  • La figura unificadora:

En 2013, incendios forestales consumieron gran parte de la región de las Montañas Azules, al oeste de Sidney. Durante más de 14 horas, el primer ministro australiano, Tony Abbott, fue uno de los 1,392 bomberos que batallaron para evitar que el fuego se propagara. Su turno empezó un sábado a las 18:00 horas y finalizó poco después de las 8:00 del día siguiente. Pero no se trató de un espectáculo montado ni de una oportunidad para relaciones públicas. De hecho, a no ser por un par de fotografías publicadas en redes sociales por voluntarios, es probable que la presencia de Abbott en los esfuerzos hubiera pasado desapercibida. Fue hasta después de estas publicaciones en redes que la oficina de Abbott, un ávido bombero voluntario desde 2001, informó sobre su aporte a las actividades para combatir el incendio. El resultado: un aumento en la popularidad de Abbott, pero más importante aún fue que la notoriedad del aporte del primer ministro abonó al reconocimiento y agradecimiento popular para la labor que bomberos, rescatistas y voluntarios hacen a favor de la comunidad en momentos complicados.

  • La voz de la nación:

El paso del huracán Mitch por Guatemala dejó gran devastación y muerte. El martes 3 de noviembre de 1998, el presidente Álvaro Arzú ofreció una conferencia de prensa en Zacapa, una de las zonas muy afectadas. Con el semblante serio, Arzú comunicó sobre la gravedad de la situación: más de 150 personas fallecidas, 100 mil viviendas dañadas, interrupciones por derrumbes en 30 carreteras, 37 puentes destruidos y 46 mil personas evacuadas hasta ese momento. Arzú se dirigió al país con ese difícil balance entre consternación y resolución. En los días siguientes, su presencia fue constante en recorridos de los sitios que sufrieron mayores estragos.

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Es cierto que la crisis por el Mitch no fue del todo súbita. Se levantaron alertas por la formación del fenómeno en el Atlántico días antes, a finales de aquel octubre, y los severos daños que causó en Nicaragua y Honduras condujeron a iniciar algunas actividades de evacuación y protección en Guatemala.

Pero dos años antes, durante otra tragedia, Arzú también se convirtió eficazmente en la voz de la nación. La noche del 16 de octubre de 1996, previo al partido de fútbol entre las selecciones de Guatemala y Costa Rica, una avalancha humana en el graderío General Sur del Estado Nacional provocó la muerte de más de 80 aficionados. Mientras bomberos y voluntarios sacaban a personas afectadas hacia la pista de atletismo, reportes de radio hablaban de algunas personas fallecidas. En el resto de graderíos no había certeza de lo que pasaba. Miles de aficionados, que desde temprano abarrotaron el Estadio y cantaban porras a pleno pulmón, aún esperaban el partido y veían el incidente como un retraso, a lo sumo.

Arzú bajó del Palco a la gramilla, tomó un micrófono y se dirigió a la afición y, a través de la televisión en directo, a todo el país. Conmovido, informó sobre víctimas mortales y pidió un minuto de silencio. Luego, anunció la suspensión del partido y le pidió a la afición que se retirara del Estadio en orden. Sus palabras ayudaron a dimensionar la tragedia y, de hecho, a conducir el duelo nacional.

  • La voz que consuela y llama a la acción:

El 25 de junio de 2015, el presidente Barack Obama habló ante la congregación de una iglesia metodista en Charleston, Carolina del Sur, donde una semana antes un joven de 21 años, simpatizante de grupos que abogan por la supremacía blanca, disparó en contra de feligreses, matando a nueve. El ataque, motivado por odio racial, mostraba cuán vigente se mantenía el racismo de generaciones previas. Al momento del panegírico, el reto de Obama era darle consuelo a la comunidad en duelo, pero también al resto del país. Habló sobre cómo la iglesia ocupa un lugar de fortaleza y resistencia en la historia afroamericana en Estados Unidos, pero es además un lugar de gracia. Repitió varias veces la palabra “gracia” a lo largo de su sentida intervención. Hizo también un llamado a la acción. Pidió que dejara de ondear la bandera confederada (un símbolo del Sur estadounidense, arropada por supremacistas blancos). Obama finalizó su alocución cantando el himno cristiano “Amazing Grace”. Un emotivo tributo a los feligreses fallecidos. El momento resonó: la bandera confederada dejó de ondear en edificios estatales en Carolina del Sur y Alabama y ganaron fuerza los impulsos para que lo dejara de hacer en otros sitios.

El rol que interpretó Jimmy

El presidente Morales pudo haber interpretado cualquiera de esos papeles, pero prefirió otro. No fue la voz de la nación para ayudar a dimensionar la tragedia y liderar el camino de la atención de la emergencia; más bien sus primeras declaraciones revelaron ignorancia e intención de politizar. “Me da vergüenza volver a decirlo, pero según nuestra ley de presupuesto no podemos contar con ni un solo centavo. La ley de presupuesto no contempla que el Estado pueda gastar un centavo en emergencias”, dijo la noche de la tragedia en la sede de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred). A las pocas horas, su ministro de Finanzas, Julio Héctor Estrada, tuvo que corregirle la plana y aclarar que sí, que sí hay fondos contemplados para atender emergencias.

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No interpretó la figura paternal. En un intento por mejorar su imagen tras la tragedia, el Ejecutivo organizó un acto protocolario en la “zona cero” para que el presidente Morales entregara, de forma simbólica, botas de trabajo a los rescatistas, quienes habían estado trabajando con pocos recursos y equipo inadecuado. No solo llegó tarde, sino que su retraso provocó que las labores de rescate se detuvieran por dos horas, justo cuando el tiempo es crítico para hallar sobrevivientes. En esas dos horas, por estar esperándole, los rescatistas ni siquiera pudieron comer. Y, para colmo, cuando llegó, Morales dio unas breves palabras y luego declaraciones a periodistas en el lugar. Ni se enteró que justo a pocos metros unos bomberos trabajaban al lado de un puente de donde minutos después sacarían los restos de víctimas.

No fue la figura unificadora. O quizá sí lo ha sido, pero para mal. Han sido abundantes las muestras locales e internacionales de solidaridad por la tragedia del volcán de Fuego, pero han sido precisamente las instituciones del Ejecutivo las que se han interpuesto entre las donaciones y las personas afectadas. Dos denuncias resuenan e ilustran el rol antagónico que ha decidido interpretar el gobierno de Jimmy. La primera, un sacerdote no logró entrar a la frontera desde El Salvador con un cargamento de ayuda porque en aduanas no habían recibido instrucciones para manejar el ingreso de donaciones por la emergencia. ¿El retraso? La Cancillería de Jimmy aún no había iniciado los trámites para un llamado internacional de ayuda. La segunda, que en realidad son múltiples denuncias por confirmar, representantes de la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (Sosep), de la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia (Saas) y del Ejército estarían tomando el control de donaciones y albergues, aparentemente obstruyendo que la ayuda donada llegue de inmediato a sus destinatarios, en los días más difíciles tras la emergencia. Para entonces llovieron en las redes sociales las críticas a Morales por la manera en que estaba abordando la crisis y empezó a crecer la desconfianza en las instituciones oficiales.

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Quizá a Jimmy, aún con su experiencia como actor, no le interesa interpretar a personajes que pasan por el “periplo del héroe”, término acuñado por el estadounidense Joseph Campbell para describir el modelo utilizado en muchos relatos épicos a lo largo de la historia. En “The Hero’s Journey”, el personaje —por lo general ingenuo, simplón, el menos preparado, que vive en un ambiente ordinario— es llamado a embarcarse en una gran aventura. Renuente al inicio, se alía con un mentor muy experimentado. Al empezar su aventura, el personaje se topa con difíciles pruebas y grandes obstáculos, al tiempo que encuentra aliados y muchos enemigos. El protagonista, en medio de profundas dudas y conflictos internos, encuentra su esencia, conquista sus más grandes desafíos, salva al mundo (la galaxia, el país, la comunidad, el objeto de su deseo, lo que sea) y regresa triunfante, transformado en héroe y gran líder.

Ese pudo haber sido el modelo de relato de la historia de Jimmy.

Pero quizá al presidente le interesa más interpretar a personajes trágicos aristotélicos, cuyas decisiones erróneas y falencias les llevan inevitablemente a su propia destrucción. Personajes sumamente soberbios, impulsados por bajas pasiones, embrollados en manipulaciones, cegados por deseos de venganza y rodeados de seres perversos.

En el momento más trágico, Jimmy decidió interpretar al personaje más trágico. Una tragedia por donde se le vea.

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